¿De qué va todo esto?

Sencillo. Me gusta leer, pero me encanta escribir. Pienso que es una forma de relajarse y expresarse donde nadie nos puede callar.

Son mis crónicas, reseñas, escritos, pensamientos de los libros que he leído. Intentaré subir uno cada semana.

Estoy en proceso de escribir, así que los comentarios son totalmente apreciados. Me considero un "escritor estúpidamente apasionado".

El punto de todo esto es sientas lo que yo sentí al leerlo e imagines los pasajes como yo lo he hecho. ¡Que leas el libro!

lunes, 13 de febrero de 2017

Crónicas de viaje: Malinalco, pueblo mágico


Seis cuarenta. De nuevo no puedo dormir. ¿Son los nervios de la cita? ¿Las ganas de irme de viaje? ¿El insomnio de cada tres días? Yo tampoco lo sabía… o tal vez sí sabía, pero en el fondo. Me puse a ver a las redes sociales, y por fin decidí levantarme. Había quedado en por la chica del GPS a las 8:15 a eme. Salí de mi casa ocho en punto, salía con cinco minutos de anticipación. Y todo iba bien, hasta que cerraron avenida universidad, lo cual me demoró cinco minutos más de lo esperado. Fuck, empezábamos mal.

M típica cara de imbécil al manejar.
Llegué ocho veinte, ella bajó ocho veinticinco. Nos abrazamos, nos besamos, nos entregamos los respectivos regalos atrasados (y adelantados). Nos reímos, nos miramos, nos amamos. Subimos al auto, le indico que debe desempeñar su función primordial: guiarme por esta ciudad con tintes de laberinto, ella asiente, y me devuelve el beso. Le hago una treta, le propongo que yo pondré la música de ida y ella podrá ponerla de venida, algo que no se cumple, Juan ganando como siempre. Selecciono una playlist para comenzar en ritmo, "Agita la cabeza", una vez que concluye pongo "Viajes" y para finalizar dejo el aleatorio en "Lo mejor de mi 2016".

Mientras seguimos en la ciudad aún podemos mantener una plática, ambos sabemos que mis habilidades para conducir y entablar pláticas elaboradas en la carretera disminuyen dramáticamente. La música prosigue su curso, ella me indica las direcciones. Llegamos a la carretera, no voy demasiado rápido, y de vez en cuando aprovecho para posar mi mano en su pierna, lo cual se ha vuelto una costumbre atávica. Seguimos. Caseta de cobro uno, caseta de cobro dos, imbécil al volante uno, imbécil al volante veintiséis. Nos detenemos en un oxxo para un café, me sigue mirando de una forma dulce, y me apaciguo. Sigo sin tener paciencia con los estúpidos de la carretera.

Sigo siendo un romántico de lo peor.
Después de un par de vueltas erróneas de mi parte,  carriles bidireccionales y puestos de flores en la carretera (sigo siendo un romántico de lo peor), llegamos a Malinalco, pueblo mágico. Estamos hambrientos. Buscamos donde estacionar el auto, hay distintas propuestas, pero nosotros buscamos el más céntrico. Después de un infructuoso intento de estacionar el tráiler que conducía, me asisten. Caminamos. Vemos un par de restaurantes fancy, pero nosotros queremos probar el sazón de las calles. Nos internamos en el tianguis. Lo recorremos una y otra vez. No podemos decidirnos. A mí me va bien lo que sea, solo quiero engullir algo. Hay tantas distintas propuestas, tlacoyos, quesadillas (con o sin queso, provincianos), tacos. Por fin nos decidimos por un puesto que alberga un poco de todo;  yo pido taco campechano y un experimento, "obispo" (especie de pancita de cerdo), ella pide un tlacoyo de requesón que al final terminamos compartiendo. Y de beber agua de limón con chía y pepino con limón -ella ha aceptado que mi sabor de agua era mejor. Les toca adivinar cuál fue-. Por una muy módica cantidad de pesos mexicanos.

¿Qué tal?
Una vez concluido el desayuno damos un paseo por la ciudad, las calles son angostas y empedradas sutilmente, se llega a comprender al instante por qué es un pueblo mágico. Paseamos por el marcado a lo largo del centro, lo primero que se distingue es el tamaño descomunal de las fresas y la gran variedad de verduras que hay. Yo compro unos cacahuates españoles, pero sin ajo. Ella está asombrada mirando… los aguacates. Ella tan aguacate, yo tan chícharo (chiste local). Salimos del tianguis después de haberlo recorrido varias veces, el tiempo apremia. Nos dirigimos a la parroquia principal, entramos, en la parte trasera se encuentra en marcha una restauración. El templo en sí, posee una belleza primordial que se encuentra desgastada por el tiempo y las personas. Los dibujos, los trazos, todo sigue en su lugar. Tomamos un par de fotos, y seguimos el recorrido por la ciudad; han pasado más de dos horas.

Era descuidado, pero lindo. Como yo.

"Tomame una foto como si no me diera cuenta"
Después de tanto caminar y de un sol acuciante e irritante, nos detenemos en un establecimiento dedicado a extinguir la sed de una forma noble y sutil. Los caguamones. Yo pido una michelada helada y ella un coctel de licor de maracuyá. Después de consumir las bebidas refrescantes, proseguimos la caminata, casualmente nos ha vuelto a dar hambre, y esta vez decidimos ir a un lugar más establecido, "Los placeres", un establecimiento con un ambiente exótico y una mirada hermosa, lo lamentable es que el sol sigue achicharrándome las ideas. Pedimos "dobladitas de Jamaica" para compartir y agua de la casa, ella piña con apio (iugh) y yo fresa con guayaba. Nos seguimos mirando, estamos enamorados, y celebramos algo, pero eso no se los puedo contar.

Buena vista.

Improvisando, as always.

Vamos de vuelta al auto, el día se ha ido volando, y prometemos volver para subir a las ruinas. No podemos irnos sin nuestra nieve reglamentaria y… lo acepto, la que ella pidió (vainilla) era insufriblemente mejor que la mía (fresas con leche). Abordamos el auto, tengo un mini ataque de espasmo de calor cuando subo. Me sofoco, respiro deprisa, muero lentamente. Jodido calor. Me ha puesto de malas, pero intento respirar más despacio. Se ha ido. La chica del GPS pone las indicaciones y nos dirigimos de vuelta a la ciudad.
Uau...

Nos miramos, estamos cansados. Fueron dos veces las que recorrimos el tianguis completamente. Ella pone su música y se dedica a bailar la mitad del camino. En este punto he de confesar que sufro de violencia en mi relación porque me cantó "Shut up and drive", solo bromeo, ella hace que las horas de manejar tengan un significado nada aburrido. Los regresos siempre son más complicados, y después de sortear el escaso tráfico dominical llegamos a su residencia. Nos despedimos, nos abrazamos y nos agradecemos de haber tenido un perfecto viaje. Un último, largo y cálido abrazo.

¿Qué otro pueblo mágico debería visitar? ¿Qué comerían ustedes? ¿Debería seguir soportando las injusticias musicales de mi novia?


Siéntanse libres de comentar. 

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