¿De qué va todo esto?

Sencillo. Me gusta leer, pero me encanta escribir. Pienso que es una forma de relajarse y expresarse donde nadie nos puede callar.

Son mis crónicas, reseñas, escritos, pensamientos de los libros que he leído. Intentaré subir uno cada semana.

Estoy en proceso de escribir, así que los comentarios son totalmente apreciados. Me considero un "escritor estúpidamente apasionado".

El punto de todo esto es sientas lo que yo sentí al leerlo e imagines los pasajes como yo lo he hecho. ¡Que leas el libro!

viernes, 9 de junio de 2017

Ella quiere apartarme, primera parte


Voy a desgarrarte. Voy a separarte. Voy a apartarte. Fueron las últimas palabras que surgieron de sus labios. Sus labios azules. Sus partidos y pequeños labios color azul.

Tengo las manos en la cabeza, sangra, pero poco, nada grave, aún. Todo está oscuro, no puedo ver bien, me hacen falta las gafas. Siento la pesadumbre de la noche… más que una pesadumbre puedo sentirla como si me abrazará, como si me hiciera parte de ella. Todo es negro, sin estrellas. Todo da vueltas. Remembro su imagen. Aún la tengo nítida. Todo sigue negro, como mi corazón, como soledad. Como todo. Todo es negro, sin conexiones, sin prefijos, sin sufijos, sin nada, sin nadie, solo queda la soledad…y la oscuridad.

De pronto recuerdo la noche anterior… una cita en el auto cinema, éramos personas nuevas. Hasta esa noche.

**

El primer contacto fue en la clase de literatura, el primer día de clases, mi primer día en una comunidad apartada. Nos mudamos de California hacia el estado de Chihuahua por el trabajo de mi madre, una activista en pro de los derechos indígenas. El dinero nunca nos había sobrado, pero tampoco es que viviéramos tan mal, teníamos lo suficiente para sobrevivir.

Entré al salón. La miré, a ella primero. Tengo una capacidad impresionantemente inútil de recordar detalles nimios, tales como el color de las bancas, el número de alumnos, los apellidos, pero los rostros siempre me han costado muchísimo, sin importar sea una mujer o un hombre. Pero ella, el de ella se me quedó anclado desde ese instante. Cara redonda, lentes gigantes (para su rostro), cabello quebrado, ojos distraídos y una blusa azul. Presentía que era el tipo de chica que nunca miraba a la cámara, pero le gustaba posar. Recuerdo todo su rostro, pero pregúntame el color de sus ojos, el tono de sus labios, si traía aretes y curiosamente con ella no lo podré recordar. No comprendía como es que mi sistema de memoria se había invertido con ella. Yo estaba seguro que al próximo día la habría olvidado, o al menos esos detalles. Error. Toda mi semana su recuerdo estuvo anclado a mi mente.

Me intenté sentar alejado de ella, esa esa siempre es mi reacción natural, alejarme de las personas que me gustan. Siempre pongo una barrera invisible que ellos se encargan de derrumbar. La curiosidad era demasiado alta, así que la miraba de reojo a cada que podía.

No sabía de qué iba la clase, y aunque me fascinaba la literatura, ya sabía que nunca iba a escribir un libro. Vi que ella tenía un libro de Octavio Paz en la mesa, algo demasiado europatizado para mi gusto, al menos de los fragmentos que había leído de él. Enseguida note que sus ojos pasaban demasiado rápido sobre el texto, juraba que lo estaba devorando sin distracción. En ese momento la envidié, yo siempre me distraía y nunca podía poner atención mientras leía; ella parecía estar aislada en su mundo. Un mundo que desee explorar, un mundo que al final fuese mío, o del autor que leía, o de quién realmente fuese no me importaba, solo quería que al final fuera mío.

La clase discurrió. No recuerdo una jodida palabra. Solo recuerdo sus ojos procesar y procesar. Me sentía idiota, anonadado. Hace mucho que no me sucedía eso, no desde California. Desde siempre he tenido debilidad por mirar a las personas, seguirlas con la mente, ver sus hábitos, ver sus reacciones, sus respuestas, como funcionan en sociedad, porque a mí me cuesta mucho trabajo comprender las normas asociativas. Me falta un poco de empatía en general. Solo que recuerdo que no debo hacerlo tan seguido, o podría parecer una persona rara…al menos más de lo que ya soy.

Cuando el timbre sonó yo apenas me percaté, ella se había ido, parece que me quedé en mi mundo demasiado tiempo. En el mundo de las miradas perdidas. Miré su pupitre y había un panfleto, “Función de medianoche, este viernes, descubriendo a los asesinos seriales más importantes de California” Jo, parecía una puta coincidencia, las películas de horror eran mi cosa preferida en el mundo… después de mirar a las personas, claro está. Así que este era el pretexto perfecto para acercármele. Pero aún era lunes.

Llegó el martes. Ese día no había clase de literatura. Yo la buscaba entre los pasillos de la escuela, esperando un milagroso encuentro en donde pudiera mostrarme atento y nada desesperado. Pero nada ella no aparecía (y no era una escuela tan grande). Me comencé a desesperar, y me metí en mi mundo donde ella me leía poesía y me hablaba de todo lo que había leído. En este mundo la miraba por horas, y horas, y ninguno se cansaba. Ella no apareció, mi martes se jodió.

Cualquier persona en su sano juicio llamaría a esto como un enamoramiento fugaz, o tal vez un crush. No la conocía, no sabía cómo era su voz, pero ya la imaginaba, y me imaginaba con ella en distintas situaciones. Yo iba pensando todo demasiado rápido… y cuando me di cuenta, era miércoles y de nuevo tocaba clase de literatura. Serenidad, dulce serenidad. O eso creía, porque tampoco la vi ese día, no asistió. Se me acababan los días para el encuentro que yo fugazmente había planeado.

Jueves. Mi maldito día de la semana menos preferido, desde siempre he aborrecido los jueves. No recuerdo el motivo exactamente, pero todo lo malo de mi vida ha sucedido en jueves. La muerte de mi padre, la mudanza de California, cuando me rompí el brazo. Todo lo malo sucede en jueves, así que no esperaba mucho de hoy.

Estaba en lo correcto, tampoco la vi el jueves. Era viernes, mi última oportunidad. Llegué antes a la clase de literatura, era la primera hora, me sentí en mi pupitre, expectante, esperando a la misteriosa chica de los lunares (días después de la primera mirada me percaté que tenía muchos en la cara, pero eran imperceptibles a primera instancia), así la había bautizado porque no sabía su nombre. Poco a poco la gente comenzó a llegar, con cada persona que entraba mis ánimos decaían, estaba seguro que no llegaría. Me entristecí. Hui a mi mundo. En este día ella me iba a leer a … abandoné mi mundo de una zarandeada, era ella, la chica de los lunares. Perdí el habla por unos instantes, y ella me dijo -mientras miraba fijamente mis manos-: Disculpa, eso es mío. Yo respondí: - ¿Perdón? Ella se refería al panfleto que sostenía entre las manos. Yo estaba tan absorto en mi mundo que olvidé guardarlo. Me sentía estúpidamente avergonzado. Solté la mano y se lo entregué. Ella sonrió y me dijo gracias. Ya estaba, ahí se había ido mi oportunidad de hablar con esa misteriosa chica. La chica de los lunares. Y no se repetiría.


En toda la clase me refugié en mi mundo, y puse música a todo volumen. Nirvana era una buena opción. Tenía ganas de destruir las paredes de mi mundo. Puse “Negative Creep” y grité con todas mis fuerzas, hasta que mi voz se volvió tan ronca como la de Cobain. I’m a negative creep and I´m stoneeeed, yeah. Cuando el timbre me sacó de mi mente, hui lo más rápido posible del aula, me largaría a casa, no podía seguir en la escuela hoy. Otra zarandeada, era ella. -Hey, no sé tu nombre, ni siquiera te conozco, pero gracias por el panfleto, es como una invitación y realmente muero por esas funciones, me refiero a que también moriré de miedo, pero quiero verlas, de nuevo gracias. Yo estaba anonadado, la chica en la que pensé una semana completa estaba frente de mí, y yo no tenía palabras. -No hay de qué. Ella no comprendía que estaba nervioso, supongo que pensó que yo era raro o solo apático, así que tuvo la iniciativa. - ¿Te gustan las películas de terror? Eres nuevo, ¿no? Asentí doblemente. Jamás me sentí tan estúpido, ella irradiaba un nerviosismo abstracto, pero no se contenía, hablaba montones. Así que finalmente me preguntó: - ¿Quieres ir? Hasta ese momento comencé a reaccionar, y le dije que por supuesto. Aunque no tenía auto, ni mi madre. Entonces ella me preguntó que si tenía auto y le dije que no… así que ella sonrió y me dijo que ella iría por mí. Así que le di mi dirección y ella me dio su nombre, pero para mí era la chica de los lunares. Me dio un suave beso en la mejilla y se fue con un libro bajo el brazo. 

4 comentarios:

  1. Qué bonito cuento. Me encanta cómo lo desarrollaste, tanto a la historia como a ambos personajes. Ya perdí la cuenta de cuántas veces lo he leído.

    Por cierto, ¿a quién se lo escribiste?

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    1. Gracias por leerlo.

      Es que habías leído solo una idea. Aun falta.

      Ya sabes a quién.

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  2. ¿Para cuándo la segunda parte? Me dejaste con ganas de más. Escribes muy bien, sólo me perdía en los diálogos (leí en el cel) pero de resto me encantó todo. Yo igual era una observadora soñadora en la escuela hahaha quiero saber qué tan mal está el personaje antes de decir que me sentí identificada hahahhaha

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    1. Próximo viernes. (Aun tengo que escribirla pero ya sé como va). Pues gracias, aun me fallan los diálogos, no quiero sonar acartonado.

      El personaje está bastante loco por ella, tiene un Crush intelectual e intenso. Esos son de los peores. Así que tendrás que esperar... Se torna más tenso.

      Gracias por leerlo.

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