¿De qué va todo esto?

Sencillo. Me gusta leer, pero me encanta escribir. Pienso que es una forma de relajarse y expresarse donde nadie nos puede callar.

Son mis crónicas, reseñas, escritos, pensamientos de los libros que he leído. Intentaré subir uno cada semana.

Estoy en proceso de escribir, así que los comentarios son totalmente apreciados. Me considero un "escritor estúpidamente apasionado".

El punto de todo esto es sientas lo que yo sentí al leerlo e imagines los pasajes como yo lo he hecho. ¡Que leas el libro!

martes, 29 de agosto de 2017

Crónicas de viaje: Provincia conoce a provincia



Sába-DOH

Crudo. Maldita sea. Aún tengo el sabor de la cerveza en mi paladar. Mejor me vuelvo a dormir. Cierro los ojos y caigo en el sopor inducido por los restos de alcohol en mi ser. Espero que mi cabeza duela menos al abrir los ojos. Recuerdo la noche anterior: cumpleaños de mi mejor amigo, un chingo de cerveza alemanas y tradiciones atávicas que conservamos desde la preparatoria. Podría explayarme, pero eso es material de una crónica nocturna.

No es carta blanca, pero funciona.
Vuelvo a despertar, desayuno una pancita -levantamuertos- con mi madre, después vuelvo a alistarme, tengo una cita en el centro, una cita cultural. Minutos después llego, ella está viendo la opera a lado de Bellas Artes. Batallo un poco para encontrarla, pero lo hago, la abrazo por detrás y nos ponemos en marcha. Caminamos sin rumbo, aleatoriamente por las calles del centro, me pierdo un poco (as always), y llegamos al museo San Idelfonso. Yo había visto que había una exposición de un fotógrafo colombiano en México y se me había antojado (sí estuvo bueno el recorrido), así que entramos. Después de caminar un rato fuimos a una cafetería (improvisada) cerca del museo: Cafetería Sor Juana.

Después de comer, el vicio nos ganó y fuimos a un bar de Regina. En este punto déjenme decir que siempre se me olvida a que la chica de las citas culturales no gusta mucho de las cervezas artesanales, y yo me intenté mostrar conocedor y llevarla a un bar alternativo. Pequeño error. Llegamos a El mexicano bar, y pedimos dos tarros, una de red ale y otra stout, al principio puse resistencia (aún tenía pequeñísimos atisbos de cruda en mi ser), pero una vez conectada la cruda, todo lo demás es mero trámite. Acabados los tarros, fuimos a un bar más convencional, y aquí es donde la crónica toma sentido, un provinciano nos visitaba (sí, otro), mi primo de Mérida llegaba por viaje exprés a la ciudad. Así que se nos unió en el bar de San Jerónimo, Jerónimas. Aquí empezaron las charlas introductorias y en lo que tomamos sabor, nos acabamos las cervezas y ya nos íbamos a otro bar.

¿Qué dices Mameitor?
La segunda parada fue: El talismán de motolínea (lugar al que no había ido con ninguno de los dos), aquí tomamos cerveza y él un poco de mezcal, la novedad fue que yo pedí una guacamaya -miamor- y ella un ramen (sort of) en el restaurante de al lado. La música era extrañamente bailable y hípster, celebro. Después de un par de tragos y varias pistas shazameadas, había que continuar.

 Seguíamos, los tours conllevan muchas paradas en una noche: El último bar de la noche sería (después de negar El de banda y un antro gay) Bósforo, un viejo conocido. El alcohol se estaba mezclando un poco en la sangre, pero nada grave, ustedes saben que lo que me matan son las desveladas, no las borracheras. Pedimos un par de cervezas oscuras, y brindamos, siempre brindamos por cosas y personas nuevas. Eran más de las dos a eme, y lo más prudente fue pedir Uber. Exacto, mañana sería día de bicicleta, y yo no escaparía. Nos despedimos, y quince minutos (trece, acabo de revisar el ticket digital) después estábamos en casa. Había sido un día largo, pero maravilloso. Aprendimos tanto… de provincia.



Foto hipster






















Domin-WOW

Llamada de “Juan Carlos” a las ocho treinta y nueve, tenía menos de una hora para activarme. Me ducho, aunque mis ojos se cierran debo apurarme. Mi padre llega, subimos las bicicletas al auto, pero hay una pequeña diferencia, mi primo nos acompaña. El viaje transcurre normal, paramos por café y llegamos al desierto de los leones. Mi padre y yo haremos la ruta de siempre y mi primo verá el convento y sus alrededores. Horas después, cuando todos hemos concluido nuestras actividades, bicicleta y turisteo, procedemos a desayunar en la parte de abajo, quesadillas y tacos para todos.
Vamos de vuelta a la ciudad, y el sueño me ataca de nuevo, me quedo dormido por más de media hora, necesito dormir más, y tenía que hacerlo en algún lado. Al llegar a casa, le llamo a la chica de las citas culturales, y le digo que, si quiere acompañarnos en el día dos del Macizo Tour, ella acepta gustosamente, y la cito en un lugar cercano a casa, planeaba dormir al menos media hora más, pero una visita familiar lo impide. A las 16 horas, ella llega y me trae un frappuchino sabor mango, son ese tipo de gestos lindos que rescatas de las personas.
Harry Postres
Nos dirigimos a Coyoacán, dejo el auto cerca del mercado, y damos una vuelta cerca del parque, adultos mayores bailando y cuadros de arte. Un elote asado. Una pequeña iniciativa social: #CuentaConmigoMéxico donde los ciudadanos escriben un compromiso y le ponen un candado para asegurarlo en una reja que está a la vista del público; los tres participamos: ser más paciente, ceder el paso, ser menos provinciano, e te ce, e te ce. Parada exprés en “Harry Postres” y sus aguas con nitrógeno. Las quesadillas han hecho digestión y hacemos una parada en un local de tortas ahogadas, nada espectaculares, pero cumplen su función. Paso al cajero, y compruebo mi mediocridad, la quincena se ha esfumado en tres días, típico de Juan, pero sé que dios proveerá…espero. (y mágicamente lo hizo)
Ser menos provinciano, pls
Después vamos al bar “El mezcalero”, él pide una cerveza artesanal stout, y nosotros pedimos cocteles de mezcal, cocteles de mezcal tremendamente gays, pero tremendamente deliciosos, con todo y sal de gusano escarchada. Es una parada rápida, y después de tararear, “Pumped up kicks, Rude, y We are Young”, pasamos a “La Bipo” otro bar de la zona bastante concurrido, como dato (y por si no sabían, como yo) el dueño es Diego Luna. Aquí pedimos una Heineken Big y ella (as always) pidió una Carta Blanca (mejor debería llamarla la chica de las cartas blancas). La noche se ceñía y al parecer el hambre volvía. Las horas pasaban más rápido que ayer.
Notese la carta blanca, siempre

Cocteles de mezcal
El provinciano quiere pizza, y después de una serie de negativas y errores de lugares, optamos por una pizzería que habíamos visto en todo el día caminando. El restaurante bar es “La Luna” y severos minutos después de que pedimos nos traían apenas las cervezas. Creo que este fin bebí más cervezas que en todo el mes (dato inútil). La pizza fue una mezcla de pera con queso de cabra y boloñesa. Obviamente todos preferimos la de pera con queso. Eran las diez de la noche y ya debería estar durmiendo, o eso había planeado, El Macizo Tour estaba acabando (carita triste). Regresábamos al carro y después de comprar churros (para llevar), procedí a llevar a su casa a la chica de las citas culturales. En el camino de ida nos agarró la lluvia, pero fue rápido, el camino de vuelta lo fue más. Siempre se disfruta estar acompañado de alguien mientras manejas…y oyes la hora nacional.

Quedense con personas que los miren como yo miro a mi torta ahogada


El lunes (hoy, mientras escribo la crónica) mi primo el provinciano va volando a Mérida… pero atentos que esté solo fue el Macizo Tour 1.5, en septiembre viene el 2.0… atentísimos.

¿Propuestas para ese tour? Lugares, ciudades, Airbnb, todo vale…

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